Javier Rodríguez Cura
Me formé con la idea que el periodista tiene una afinidad con Superman: jamás se quita el traje, ni siquiera para dormir.
Soy un convencido que esto no es un trabajo, es una religión. Ir por una nota es como ir a La Meca, una exclusiva es casi como si Dios te diera la de ocho al declarar que está a favor de los matrimonios gays o la eutanasia.
Uno piensa, defeca, duerme, come, y se emborracha con “la nota”. Todos queremos una gran historia que contar, de manera diferente, un gran golpe periodístico.
Pero ese viernes no lo hice. No lo quise.
Desde un día antes me confirmaron la recomendación de la CNDH tras el asesinato de Jorge y Javier –ya hasta me resulta familiar hablarles por su nombre de pila-, desde hacía más de un mes me habían adelantado cómo venía eso. Pero me pidieron guardarlo hasta que fuera conveniente.
Revisarlo no me sorprendió, lo que venía allí era lo mismo que ya sabía. Que los remataron en el suelo a menos de un metro con una pistola de un calibre pequeño. Que Javier acabó con tres pozos en la cara. Y que Jorge fue torturado.
Al leerlo, busqué a mis fuentes, a los padres de Jorge. No me contestaron. No estaban, porque no querían hablar en ese momento.
Revisé mis apuntes, lo que hemos publicado. Pero no sólo son líneas escritas con una gran pasión por la verdad. Son párrafos de dolor. Caracteres de frustración. Textos de la impunidad.
Hace varias semanas había ido a la casa de ellos. Una vez más, van como cinco ocasiones que voy porque se sienten en la confianza de compartirme información que con nadie más lo hacen.
Doña Rosy Mercado no olvida a su hijo. ¿Por qué lo ha de olvidar? Llegué y comenzamos a platicar. Me trajo una vivencia reciente con su vecino de enfrente, un niño que ha de cursar el kínder.
-“Mami ¿y la señora se quedó sin hijos?”, le preguntó el chavito a su mamá.
-“Sí, mijo, se quedó solita con su esposo”, respondió.
-“¿Y si yo me voy con ella?, al cabo que tú tienes a mi hermanita y no te vas a quedar sola”, rememora doña Rosy acompañada de una lágrima que transita por su mejilla izquierda, que contrasta con su tez blanca.
Ese fue uno de los recuerdos de otros tantos que quedan en la confidencialidad de la charla off the record. Ya que la grabadora sería incapaz de registrar tanto dolor y sentimiento.
Cada vez que platico con los Medina Mercado el sentido de la vida adquiere otra dimensión. Ellos han sufrido la violencia en carne propia. Y valoran el existir de otra manera.
Será porque les llaman “daños colaterales”. Como si fuese sólo una fría cifra y no un cálido ser humano.
Esa mañana, salí de su casa, de nueva cuenta, con un nudo en la garganta.
Hace dos viernes me pidieron que los buscara para saber qué pensaban de la recomendación (politizada) de la CNDH. No quería ir. Me identifiqué demasiado con la historia.
Les marqué varias veces desde mi celular, no me contestaban, sabía que no estaban.
Por la tarde, mi compa el editor me dijo que no los buscara, que le pasara el contacto a una reportera y que ella iría. Le encargué que me los saludara y me metí a una junta.
El ser humano venció al reportero.
Tras varios días les llamé una tarde. Quería saludarlos y agradecerles la confianza hacia nosotros.
Hubo un intercambio de muestras de aprecio y la misma plática que tenemos desde mayo que los busqué por primera vez: Que los nombres de Jorge y Javier queden totalmente limpios y que su muerte no quede impune.
No sabía qué decirles, así que les pregunté por el perfil publicado en El Norte por Daniel de la Fuente.
No lo habían leído, lo tomé de internet y se los envié.
Muchos colegas saben que ellos casi no dan entrevistas, que somos contados con los que hablan. Multimedios Monterrey, Denise Maerker y se había integrado a la lista los de W Radio. Ah… y yo.
Recibí una llamada de la oficina de Sergio Sarmiento. Me pedían que los ayudara a contactarlos.
Hablé con don Joel; ellos aceptaron. Pero me dijeron que era sólo porque yo se los pedía.
Sabía que a pesar de que buscaba información, había fallado porque no quise ser reportero esa mañana de viernes.
Que no tuve la fortaleza contra las injusticias. Pero sí tuve la capacidad de acompañar soledades, aunque sea de lejos para no incomodar.
Se escuchó el sonidito del correo electrónico. Estaba entrando uno:
JAVIER MUCHAS GRACIAS POR ENVIARME ESTA NOTICIA REALMENTE ME GUSTO MUCHO QUE DIOS TE BENDIGA POR ESTA INFORMACION QUE NOS FORTALECE MUCHO Y QUE GRACIAS A DIOS EXISTEN PERSONAS TAN PROFESIONALES COMO TÚ, SE QUE NO ESCRIBISTE ESTE REPORTAJE PERO SI LEIMOS EL TUYO, Y QUE FUÉ IGUAL DE AGRADABLE QUE ESTE; SE QUE DIOS NOS MANDA A GENTE IDONEA PARA FORTALECERNOS DE ESTA LAMENTABLE SITUACION.
QUE DIOS TE BENDIGA Y TE CUDE PARA QUE SIGAS APOYANDO EMOCIONALMENTE A MUCHA GENTE, SIGUE SIENDO LA PERSONA TAN HUMILDE QUE ERES Y SIEMPRE HABLANDO CON LA VERDAD.
RECIBE UN ABRAZO MUY FUERTE DE PARTE DE ROSY Y MIA.
SALUDOS JOEL
QUE DIOS TE BENDIGA.
Lo leí y salí de la redacción con la cabeza hecha un desmadre y el corazón en un puño. Me fumé un cigarro, mientras mi cerebro y las entrañas rodeaban este mail.
Un gran amigo me contó que cuando te puedes ver de frente al espejo, sin tapujos, tras publicar una gran historia te das cuenta que ser reportero es la profesión más hermosa del mundo.
Sí me puedo ver al espejo.
Pero ese viernes no fui reportero.
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